Memorial y FVT inauguran en Madrid la exposición “1986. Plaza de la República Dominicana. 12 vidas, una herida permanente”
El Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y la Fundación de las Víctimas (FVT) han organizado la exposición “1986. Plaza de la República Dominicana. 12 vidas, una herida permanente”, comisariada por el documentalista Manuel Aguilar y la periodista Inés Gaviria. El objetivo de la misma es recordar aquella jornada de la infamia de ETA, aquel 14 de julio de 1986, cuando el pistolero de ETA, Antonio Troitiño Arranz accionó un dispositivo que detonaba una furgoneta Sava aparcada y cargada con 35 kilogramos de Goma-2 y con grandes cantidades de metralla, introducidos en cinco ollas a presión en la parte trasera y cubierto todo con rollos de papel higiénico. El objetivo del atentado terrorista era un convoy con 70 agentes de la Guardia Civil a bordo, con edades entre los 18 y los 25 años, y que diariamente salía de la Escuela de Tráfico de la calle del Príncipe de Vergara en dirección a la Venta de la Rubia, en las afueras de la ciudad, donde los agentes realizaban prácticas de conducción en motocicleta. Murieron 12 personas, todas ellas agentes de la Guardia Civil, y resultaron heridas 60. Fue el segundo atentado de ETA en Madrid con mayor número de víctimas, después del atentado contra la cafetería Rolando, el 13 de septiembre de 1974, con 13 muertos.
La muestra abierta al público el paso 8 de julio fue inaugurada en Madrid, en la Asociación Pro Huérfanos de la Guardia Civil en un acto en el que tomaron la palabra el general de Brigada, Jaime Cereceda Fernández Oruña; el director del Centro Memorial, Florencio Domínguez, y el vicepresidente de la FVT, Francisco Javier López, quien intervino en representación del presidente de la entidad, Juan Benito Valenciano. Entre los asistentes se encontraban familiares de las víctimas, miembros de la Guardia Civil y representantes de distintas instituciones vinculadas a la memoria y el reconocimiento de las víctimas del terrorismo. El general Cereceda, en un emotivo discurso, hizo referencia a la singularidad de las exposiciones que tienen algo que “los libros no consiguen: nos obligan a detenernos. Una fotografía nos mira. Un objeto cotidiano nos habla de una vida interrumpida. Un nombre deja de ser una estadística para convertirse en una persona”, dijo el también presidente del Consejo de Gobierno y Administración de la Asociación pro Huérfanos. Jaime Cereceda se dirigió especialmente a las víctimas del terrorismo, a las familias y sobre todo “a quienes representan la esencia de nuestra Asociación: las hijas e hijos que crecieron sin un padre o una madre porque el terrorismo decidió arrebatárselos”. Para ellos tuvo palabras que conmovieron a todos los asistentes: “Habéis crecido con una silla vacía en casa, con fotografías que han mantenido vivo un rostro, con recuerdos compartidos por quienes os querían explicar cómo eran vuestros padres. Muchos de vosotros habéis aprendido a conocerlos a través de las historias que otros os contaban, imaginando una voz, una sonrisa, una forma de mirar o de abrazar que el terrorismo os impidió conservar.”
Posteriormente tomó la palabra Florencio Domínguez para recordar que, en la estrategia criminal de ETA, la banda estableció una nueva estrategia a partir de 1985 con “dos medidas”. Por un lado, la ceración de “dos células de liberados en Madrid y Barcelona” para que atentasen en las dos principales ciudades de España para que sus ataques tuvieran “la mayor repercusión mediática, política y social” por tratarse de los dos principales centros de poder político y económico de nuestro país. Por otro lado, el director del Memorial destacó la decisión de ETA de utilizar el coche bomba de manera indiscriminada como los terroristas del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Según Domínguez, entre 1980 y 1984, ETA colocó 5 coches bomba para pasar a 31 entre 1985 y 1988. Por último intervino Javier López, quien puso el acento en las personas que se esconden detrás de los datos y las cifras: “Esta exposición nace de un profundo deber de memoria, de gratitud y de justicia”, señaló. “Mira al pasado no para quedarse en él, sino para comprenderlo, transmitirlo y convertirlo en una enseñanza permanente para las generaciones presentes y futuras”. López recordó que el atentado no sólo acabó con12 vidas, sino que destruyó proyectos vitales y marcó para siempre a decenas de familias: “Las víctimas no son números en una estadística ni referencias en una página de historia. Fueron personas que tenían familias, amigos, aspiraciones y un compromiso de servicio con España”, afirmó. “La herida causada por el terrorismo no terminó con la explosión”. Por último y recordando su condición de víctima de ETA cuando pertenecía a la Guardia Civil, el vicepresidente de la Fundación recordó que la historia del atentado también pertenece a quienes vivieron aquella explosión y tuvieron que reconstruir sus vidas entre secuelas físicas, estrés postraumático y recuerdos imborrables: “Queremos rendir homenaje a quienes aprendieron a convivir con el dolor visible y con el invisible”, señaló. “Su sufrimiento forma parte inseparable de esta historia y merece el mismo reconocimiento y respeto”.
Tras los discursos, los asistentes acompañaron a los comisarios de la exposición a una visita guiada por un itinerario con diferentes paneles que comienzan explicando el contexto histórico del terrorismo en los años ochenta, con la Benemérita como objetivo prioritario, con Madrid como escenario preferido por los terroristas hasta aquella fecha fatídica. La muestra nos lleva hasta las víctimas y las herramientas de la muerte de ETA. Acompañan fotos, prensa de la época sentencias, una moto Sanglas 400 y maniquíes con los uniformes de la Guardia Civil de Tráfico en donde estaban destinados los agentes asesinados y heridos.
Los guardias civiles asesinados fueron Carmelo Bella Álamo, José Calvo Gutiérrez, Miguel Ángel Cornejo Ros, Jesús María Freixes Montes, Jesús Jiménez Jimeno, Andrés José Fernández Pertierra, José Joaquín García Ruiz, Santiago Iglesias Godino, Antonio Lancharro Reyes, Javier Esteban Plaza, Miguel Ángel de la Higuera López y Juan Ignacio Calvo Guerrero. Siempre en nuestra Memoria.
La muestra estará abierta hasta el 24 de julio en horario de mañana en el Colegio de Huérfanos. Entre el 8 y el 30 de septiembre en el Centro Nicolás Salmerón del distrito de Chamartín en Madrid. Entre el 14 de octubre y el 6 de noviembre la exposición estará abierta en la antigua lonja de Elche (Alicante). Cerrará el año en el Memorial de Vitoria desde el 14 de noviembre, para viajar en 2027 a Logroño (sede GAR) y Mérida (Escuela de Tráfico de la Guardia Civil).


