Curso de Verano “Desaparecidos por terrorismo” con la FVT en la UPNA, el 11 de septiembre en Pamplona
El Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo celebró el pasado 11 de septiembre su quinto curso de verano con la Universidad Pública de Navarra (UPNA), con la jornada ‘Desaparecidos por el terrorismo’, un encuentro organizado junto a la Fundación de Víctimas del Terrorismo (FVT), el Gobierno de Navarra y el I-Communitas. La convocatoria de este año tuvo lugar en el salón Pinaquy del edificio Las Salesas, coincidiendo en la fecha con el 25º aniversario de los atentados del 11-S en Estados Unidos.
Marta Rodríguez Fouz, directora del curso y catedrática de la UPNA, abrió la jornada poniendo “nombre a esas familias que sufren un crimen que se continúa cometiendo”. Rodríguez también destacó la relevancia de “los efectos y la perdurabilidad del dolor”, sin olvidar que, “sin la asistencia y la curiosidad” de los asistentes, “no tendría sentido el esfuerzo de la universidad o de las propias instituciones para construir esa memoria y difundirla”.
El presidente de la FVT, Juan Benito Valenciano destacó que “el terrorismo no solo arrebató vidas, también intentó borrar sus huellas, ocultar la verdad y prolongar el sufrimiento de quienes más querían a esas víctimas”. En la misma línea, el director del Memorial, Florencio Domínguez, añadió que “los desaparecidos no son demasiados, pero un desparecido ya es mucho” (…) “un asesinato terrorista destroza una familia y deja malherida a la sociedad, pero un asesinato terrorista seguido de la desaparición prolonga el sufrimiento indefinidamente. No se cierra el duelo”. El tiempo pasa y, con él, se desvanece la oportunidad de conocer más. “Se está acabando la oportunidad de recuperar a esos desaparecidos, porque algunas de las personas que saben dónde están o qué ocurrió van desapareciendo también… Y se está acabando también el tiempo de las familias”, advirtió el director del Memorial. Florencio Domínguez hizo un llamamiento a la aportación de datos concluyentes y determinantes: “Es la ocasión de hacer una apelación para que aquel que tenga información sobre lo que ocurrió o dónde están los cuerpos, mediante formas anónimas o mediante la fórmula que quiera, lo comunique a entidades de su confianza”.
“A la pérdida se añade la incertidumbre”, citó Álvaro Baraibar, subdirector de I-Communitas. Es por ello que las universidades “no solo deben producir conocimiento, sino también contribuir al análisis de aquellas realidades humanas y sociales que desafían nuestra conciencia democrática y a la memoria de nuestros pasados traumáticos”. Por último, Begoña Pérez Eransus, vicerrectora de Estudiantes, Vida Universitaria y Compromiso Social de la UPNA, destacó que “compartir públicamente experiencias tan personales requiere de una generosidad y valentía que permiten que estas historias no queden reducidas a un número, a una cifra… sino que tengan cara y tengan testimonio real”.
La primera ponencia “La desaparición forzada de personas como dispositivo de poder y la extensión de su uso” fue expuesta por Eliana Alemán Salcedo, investigadora del I-Communitas y profesora de la UPNA. Para la profesora Alemán Salcedo “no solo se hace desaparecer un cuerpo, se administra su ausencia” y del acto de la desaparición se pasa “al dispositivo, con una prolongación de los efectos del poder”, apareciendo el cuerpo “como objeto de una decisión soberana sobre la vida y la muerte”. La investigadora colombiana destacó que la desaparición de in cuerpo puede transformar la idea en que ese cuerpo está presente en la vida social y política, en un proceso de incertidumbre que se inicia con la violencia y pasa por las fases de “ocultamiento, negación incertidumbre y prolongación del poder a través del tiempo”. Eliana Alemán hizo especial hincapié en los regímenes totalitarios y grupos terroristas como las FARC, ETA o el IRA que buscan con las desapariciones producir efectos como el miedo, el silencio, el control territorial y la incertidumbre.
La siguiente ponencia “La localización de desaparecidos por el IRA en el contexto del proceso de paz” fue desarrollada por el periodista Óscar Beltrán de Otálora, responsable de Nuevas Narrativas del diario El Correo y experto en temas de terrorismo. En una conversación con Marta Rodríguez Fouz, el periodista de El Correo recordó la histórica y emocionante intervención de Coral, hermana de Marta, siendo parlamentaria vasca con el PSE-EE, el 3 de febrero de 2005, defendiendo una proposición no de ley con la que instaba al Gobierno Vasco apara que tomase las medidas necesarias para localizar e identificar los cadáveres de las personas desaparecidas a manos de la banda terrorista ETA, recordando el caso de su tío José Humberto y dos amigos suyos. La respuesta de la coalición del ejecutivo vasco (PNV, EA y EB) fue una enmienda a la totalidad que diluía la mención específica a ETA y se mezclaba el caso de estos jóvenes con los desaparecidos de la Guerra Civil y el franquismo. Óscar Beltrán de Otálora se remontó al proceso de paz en Irlanda del Norte en el que las víctimas del terrorismo quedaban en un segundo plano, lo que, según él, fue evitado por el Informe Bloomfield, bajo el título en inglés “We Will Remember Them” (Las recordaremos). Se trata de un documento histórico, presentado en abril de 1998 (casi a la par que el Acuerdo de Viernes Santo), y dirigido por Sir Kenneth Bloomfield, quien fuera nombrado por el Gobierno británico comisionado para las víctimas de Irlanda del Norte. Beltrán de Otálora subrayó la importancia de las recomendaciones básicas del Informe mencionado para atender y reconocer a los damnificados por la violencia en el Ulster. En el documento de Bloomfield había un apartado especial para “Los Desaparecidos” (The Disappeared), concepto que engloba a aquellas personas que fueron secuestradas, asesinadas y enterradas en lugares secretos por grupos paramilitares. Esto supuso la creación de una Comisión Independiente para la Localización de los Restos de las Víctimas. Su labor fue positiva porque según el periodista vitoriano “se impuso el chantaje de la colaboración por la impunidad”, en la que los informadores confidenciales y colaboradores con la justicia, no tendrían “ningún castigo penal”. Recordó dos casos especialmente: el de Jean McConville, una viuda con 10 hijos a la que secuestró y asesinó el Ejército Republicano Irlandés Provisional (IRA) en 1972, y a Seamus Ruddy, un profesor norirlandés de 33 años residente en París que fue secuestrado, asesinado y enterrado clandestinamente en mayo de 1985 por miembros del Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA), en un bosque cercano a Ruan (Francia). Beltrán terminó destacando que “ha habido más humanidad” en Irlanda que en España, donde nadie, ni partidos ni instituciones, ha metido en su agenda el caso de los desaparecidos.
La jornada matinal finalizó con “La mirada literaria hacia los desaparecidos” en la que tomaron parte los escritores Adolfo García Ortega, autor de “Una tumba en el aire” e Iñaki Martínez, autor de “Manto de silencio”. Con una emotiva intervención Adolfo García Ortega reveló que el título de su novela dedicada a los tres jóvenes gallegos a los que ETA hizo desaparecer en 1973, lo tomó del poema del escritor rumano Paul Celan “Fuga de la muerte”, en el que la tumba en el aire representa el destino de las víctimas de los campos de concentración incineradas en crematorios. García Ortega explicó que descubrió el caso de los tres jóvenes residentes en Irún, por medio de un amigo, y que decidió investigar y escribir contando antes con “la aquiescencia de las tres familias” y con la búsqueda de “un hilo que me llevara a una verdad”. Posteriormente puso el acento en “los flecos en las desapariciones” y en el hecho de que “nadie asuma la totalidad de los hechos”, sin ni siquiera “esos tres segundos de remordimiento” que interpelen a los autores con un “¿por qué lo hice?”. Iñaki Martínez llevaba años decidiendo escribir sobre la desaparición en 1976 del dirigente de ETA-pm, Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur. Aseguró que investigó a fondo para llegar a la conclusión de que “existen diferentes versiones”. Martínez dijo que se inclina porque fue secuestrado “por los especiales (Bereziak)” a los que cita en su novela con otros nombres. Contó el testimonio de un asistente a un encuentro en el que participó uno de los supuestos responsables del crimen y donde dijo. “Pertur está en el fondo del mar y no va a parecer nunca” para amenazar con decirlo “una sola vez” y no volver “a repetirlo nunca”.
La sesión de tarde comenzó con la ponencia de Marta Rodríguez Fouz sobre “Casos abiertos. Los desaparecidos por terrorismo en España (1973-1995)”. La catedrática de la UPNA repasó pormenorizadamente los casos pendientes de aclarar así como las búsquedas infructuosas del empresario Publio Cordón, secuestrado por los GRAPO, 31 años después; José Miguel Etxeberria Álvarez, Naparra o Bakunin, miembro de los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA), 46 años después; Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, 50 años después, y Humberto Fouz Escobero, Fernando Quiroga Veiga y Jorge García Carneiro, 53 años después. También recordó los desaparecidos hallados como los policías “José Luis Martínez Martínez y José María González Ituero, dos agentes destinados en San Sebastián que fueron secuestrados, torturados y asesinados por ETA en el País Vasco francés en 1976. Sus cuerpos fueron encontrados enterrados en un bunker junto a una playa un año y 16 días más tarde. O el caso d ellos presuntos miembros de ETA-m, José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, secuestrados, torturados y asesinados por los GAL en 1983, cuyos cuerpos aparecieron enterrados casi diez años y medio después.
La jornada terminó con una mesa redonda “Ausencias presentes. Conversación con familiares de desaparecidos por terrorismo” en la que tomaron parte Coral Rodríguez Fouz, sobrina de Humberto Fouz Escobero, desaparecido el 24 de marzo de 1973; Lourdes Auzmendi, novia de Eduardo Moreno Bergaretxe, desaparecido el 23 de julio de 1976, y Pilar Muro, viuda de Publio Cordón, desaparecido el 27 de junio de 1995. Humberto Fouz Escobero tenía 29 años cuando desapareció el 24 de marzo de 1973 junto a sus amigos Fernando Quiroga Veiga y Jorge García Carneiro tras ir al cine en el País Vasco francés. Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, tenía 25 años cuando desapareció el 23 de julio de 1976 en San Juan de Luz, donde vivía desde 1973. Pertenecía al “aparato político” de ETA y apostaba por más política y menos violencia, lo que le causó enfrentamientos internos en la banda. Y Publio Cordón era un empresario de seguros sanitarios privados que, sin vinculación política ni amenazas previas, fue secuestrado por los GRAPO en Zaragoza, el 27 de junio de 1995. Coral, Lourdes y Pilar rememoraron la época de las desapariciones y detallaron la constante búsqueda de justicia por las familias. “Una muerte era un final, una desaparición no”, expuso Coral Rodríguez, de la que Humberto Fouz era su padrino. Ella, que en aquel momento tenía tres años, describió “el inmenso dolor y la impotencia” sufridos por sus abuelos y su madre “todos estos años” por “la ausencia de novedades” mientras escuchaban “continuamente insinuaciones de que se habían marchado voluntariamente”.
Tres meses antes de su desaparición, Eduardo Moreno fue secuestrado durante varios días por compañeros de su propia organización con los que mantenía fuertes discrepancias. “Lo que no pasó en ese momento ocurrió después”, reflexionó la que era entonces su pareja. “Nuestra gran victoria ha sido romper con el silencio y el olvido”, expuso Auzmendi, quien previamente relató el momento de la desaparición: “Sus compañeros vinieron a decirme desde ayer a la mañana no se sabe nada de él. Desde ese instante pensaba que no lo iba a recuperar”. Reconoció que la memoria le sirvió para acercarse a otras víctimas del terrorismo.
“Pienso que ha muerto algo dentro de mí y no ha vuelto a revivir”, mostró Pilar Muro, que no ha desistido de dar con su marido, Publio Cordón, y cumplir así su deseo de “poder descansar en casa”. “La sociedad nos apoyó de verdad, en general es buena y se pone en tu lugar”, apuntó la viuda. Un apoyo que no sintió “de parte del Gobierno de Felipe González”. Además, tuvieron que soportar todo tipo de especulaciones y calumnias por la desaparición de su marido. Para la viuda y sus cuatro hijas “lo único bueno del secuestro de Publio Cordón fue la desaparición de la banda terrorista GRAPO”.


