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Curso de Verano “La violencia contra la Universidad” con la FVT en San Sebastián, 3 y 4 de septiembre

Curso De Verano “La Violencia Contra La Universidad” Con La FVT En San Sebastián, 3 Y 4 De Septiembre

El Palacio Miramar de San Sebastián ha sido de nuevo escenario de un curso de verano organizado por el Memorial y la Fundación Víctimas del Terrorismo (FVT). El curso “La violencia y la Universidad”, desarrollado los pasados 3 y 4 de septiembre, acercaba a la cuestión de la violencia política sufrida en la Universidad en las últimas décadas, con especial atención al País Vasco. Se abordó el contexto europeo desde mayo de 1968 hasta la actualidad, incluyendo ejemplos paradigmáticos como el italiano o la violencia de la extrema derecha contra la Universidad española en la Transición. La inauguración corrió a carga de Florencio Domínguez, director del Memorial, Juan Benito Valenciano, presidente de la FVT y las directoras del curso, Virginia López de Maturana, profesora de la Universidad del País Vasco y Ana Escauriaza, investigadora de la Universidad de Navarra.

El catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), Matteo Re, disertó sobre “La violencia contra la Universidad en Italia en los años de plomo“. Re comenzó recordando a Aldo Moro, sobre todo en su faceta docente en la Universidad de Roma “La Sapienza”, con un artículo publicado en Il Corriere della Sera del 16 de marzo de 1988, en el que se recordaba el décimo aniversario del secuestro y asesinato del exprimer ministro y líder de la Democracia Cristina, y de la masacre contra su escolta en la Via Fani de Roma. El catedrático de la URJC se remontó al otoño caliente italiano de 1968-1969, marcado por las luchas obreras y estudiantiles que fueron un preludio del terrorismo de los años de plomo. Las universidades de Trento, Milán, Turín, Génova, Roma y Padua fueron el caldo de cultivo en el que destacaron algunos ideólogos del terrorismo como Renato Curcio, Toni Negri y otros, “profesores de cierto nivel” que serán los creadores intelectuales de las Brigadas Rojas (BJ). Matteo Re recalcó que la violencia “no llegó a las universidad exclusivamente desde el exterior”, sino que fue “un lugar de elaboración de la radicalización, un espacio de enfrentamiento político y de reclutamiento de militantes”, para diferentes organizaciones extraparlamentarias de extrema izquierda, entre las que destacaban Lotta Continua y Potere Operaio, que operaban de forma autónoma frente a grandes partidos y sindicatos para terminar como grupos terroristas con delitos de sangre como Primera Línea o Brigadas Rojas. El catedrático profesor de la URJC recordó también a las víctimas del terrorismo entre los profesores, investigadores e intelectuales universitarios italianos “atacados por su compromiso civil” con atentados.

Gaizka Fernández Soldevilla del Memorial expuso la ponencia siguiente sobre “La violencia de la extrema derecha contra la Universidad en la Transición“. El responsable del área de Archivo del Memorial se remontó a los años cincuenta de la dictadura franquista en la que, gracias al aperturismo del ministro de Educación Joaquín Ruiz-Giménez  se incorpora a la vida universitaria “una nueva generación de españoles, hijos de los vencedores y de los vencidos de la Guerra Civil”, que constituyen un movimiento estudiantil convertido en “la primera amenaza a la dictadura franquista”. Frente a lo estudiantes contestarios al régimen se crearán diferentes organizaciones de extrema derecha como Defensa Universitaria o los Guerrilleros de Cristo Rey que ejercerán “una violencia ultraderechista similar a Italia para conquistar la Universidad pero fracasarán”. Fernández Soldevilla enumeró y detalló diferentes acciones terroristas ultras y explicó la importancia que tuvo como líder ideológico “la figura de Blas Piñar y su revista Fuerza Nueva”.

A continuación, Ana Escauriaza centró su intervención en “La Universidad del País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea en el punto de mira“. Escauriaza, doctora en Historia Contemporánea por la UPV-EHU y autora del libro “Violencia, silencio y resistencia. ETA y la Universidad (1959-2011)”, comenzó explicando la situación anterior a la creación de la universidad pública vasca en 1980 en la que la banda terrorista fue capaz de crear un movimiento estudiantil afín cuya violencia iría creciendo. El nacimiento de la UPV-EHU, según Escauriaza, supuso “una decepción” para ETA y su entorno, defensores de un “distrito universitario vasco” que incluyera a Navarra. La nueva universidad pública “fue un espacio ocupado por los problemas de ETA”. Posteriormente la investigadora de la Universidad de Navarra relato una serie de sucesos que ilustraban el clima de violencia que atenazaba la vida universitaria. La situación se recrudeció tras el asesinato del expresidente del Tribunal Constitucional y catedrático, Francisco Tomás y Valiente en 1996. A partir de ese año aumentaron las amenazas a profesores, algunos de los cuáles dejaron de participar en iniciativas pacifistas o en medios de comunicación.

Santiago de Pablo Contreras, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV-EHU, miembro de la Academia del Cine y comisario de diferentes exposiciones sobre terrorismo y cinematografía fue el siguiente ponente en el curso con “Imágenes para la reflexión: la Universidad y la violencia en el cine”. De Pablo dijo que el mundo universitario aparece en la gran pantalla sobre todo con “comedias, dramas, historias de docentes carismáticos, retos de estudiantes o una visión más política de la universidad”. En relación a la presencia del terrorismo en el cine, pasamos de cintas en las que los protagonistas eran los terroristas a series y películas en las que los protagonistas son las víctimas. Esta evolución es muy similar a la de los damnificados del terrorismo en la sociedad. Las referencias al tema de ETA en el cine sobre la universidad aparecen en documentales y series de ficción. Santiago de Pablo recordó los documentales de Iñaki Arteta, “Infierno vasco” (2008) y “Sin libertad” (2001) u otros más recientes como “Impuros” sobre los políticos del PP y PSOE, Borja Sémper y Eduardo Madina o “Ernest Lluch. Libre y atrevido”, y series o películas recientes como “La línea invisible” o “Un fantasma en la batalla”

La sesión de tarde de la primera jornada tuvo como punto único del programa una mesa redonda “Reaccionar ante la violencia: desde el gobierno de la UPV/EHU” con el actual rector Joxerramon Bengoetxea, Eva Ferreira García, catedrática y exrectora, y Pello Salaburu Etxeberria, catedrático y exrector. Todos ellos compartieron sus experiencias y discrepancias sobre la presencia del terrorismo en la universidad pública. Pello Salaburu situó su mandato (1996-2000) en unos años en los que la violencia estaba “permanentemente a flor de piel” recordando los asesinatos en la comunidad universitaria, además de detenciones, torturas y amenazas. Salaburu relató que cada martes, durante las reuniones del equipo rectoral, esperaban que sonara un teléfono fijo con una nueva noticia de incidentes desde algún campus: “Era continuo”. Rememoró también cuando, a su llegada al Rectorado, recibió instrucciones sobre cómo debía arrancar el coche. Dos días después de su nombramiento recibió la visita de dos hombres encorbatados con una cinta de vídeo VHS con las instrucciones para su seguridad. También recordó las pintadas contra él, que en alguna ocasión borró personalmente. El catedrático de Filología Vasca subrayó que durante su etapa rectoral “muchos sectores de la Universidad” pasaron miedo por el terrorismo de ETA y que “la Universidad no fue capaz de enarbolar la bandera de la decencia”. “Para enarbolar la bandera de la decencia hay que denunciar ciertas cosas. La Universidad es el sitio donde se piensa, no el sitio donde se tira la bala. Se responde con argumentos y eso la Universidad no lo cumplió, muy poca gente se atrevió a hablar con claridad”, reconoció.

Ferreira (2021-2025) incidió en que, a pesar de que ETA había desaparecido, durante su mandato percibió cómo ese miedo se disfrazaba de excusas para no significarse. Miembro de Gesto por la Paz desde 1988, la catedrática de Economía Aplicada reconoció que el miedo se mostraba en las aulas a través de la autocensura. “Miguel Ángel Blanco era estudiante de Sarriko. Cuando llegué a la facultad el día que lo secuestraron me sorprendió el silencio. Cuando pregunté por qué nadie había hecho ni dicho nada me dijeron que era concejal del PP. Pusimos etiquetas para excusarnos y para no hacer nada. Miedo, autocensura, estigmatización, lo que queramos definir. También se estigmatizaba a los alumnos que llevaban escolta y muchos de ellos pasaban la mayor parte del tiempo solos. A veces porque el resto de los alumnos tenían miedo de que algo les pasara a ellos y otras porque no querían que se les viera con ellos”, reveló. Al igual que Salaburu reconoció que la Universidad no estuvo a la altura en cuanto a condena del terrorismo se refiere. “Es verdad que había muchas universitarias y universitarios que estaban o estábamos frontalmente rechazando de la manera pública y privada que se podía la violencia y los actos terroristas, pero también es cierto que institucionalmente hicimos una especie de cordón enfermizo para no hablar de cuestiones políticas en las juntas. Hicimos un relato de que lo que estaba ocurriendo no era un asunto académico, sino político. La equidistancia y las excusas no estuvieron bien”, señaló Eva Ferreira.

El actual rector de la EHU, Joxerramon Bengoetxea, recordó que, en un curso de verano en el año 1990 sobre nacionalismos emergentes, públicamente, dijo que ETA tenía que seguir el ejemplo de Terra Lliure, dejar las armas y abandonar la lucha armada. “Al igual que yo un colectivo de profesores que escribíamos habitualmente condenando todas las vulneraciones de derechos humanos nos hemos pronunciado sobre ello”, confesó. Bengoetxea insistió que el curso estaba centrado en “la violencia de corte político contra la Universidad” y, por tanto, según él, esto abarcaría tanto la violencia de ETA como la respuesta de la violencia por parte del Estado. “Ejerce la violencia quien coloca una bomba lapa como quien tortura o quien decide no investigar las denuncias de tortura. No creo que estemos en un ámbito que paso del negro al blanco. Hay muchas zonas de penumbra y de gris y la Universidad debe mantener siempre el enfoque crítico y metodológicamente riguroso. Las universidades deben ser espacios de libertad y crítica”, en este sentido, el rector nombró la violencia de la extrema derecha contra la universidad española en la Transición y la represión franquista en el ámbito académico, para después centrarse en la violencia de ETA. El rector Bengoetxea aseguró que nunca ha sentido miedo solo “subidas de adrenalina” ante hechos diferentes que trató de igualar como un control de carretera de la Guardia Civil y los encapuchados que desalojaron un autobús en el que él viajaba antes de quemarlo.

Entre el público el catedrático de Historia José María Portillo, quien en 2000 tuvo que abandonar Euskadi después de que el entorno de ETA le amenazase reiteradamente, recriminó a Bengoetxea la reciente retirada del término «terrorismo» de los estatutos de la Universidad. El rector defendió que se haya optado por la fórmula “cualquier tipo de violencia”, porque a su juicio ya incluye el terrorismo.

La segunda jornada la abrió precisamente José María Portillo con un testimonio de primera con sus personales años de plomo. El profesor a punto de jubilarse recordó sus años de estudiante marcados por “la cotidianeidad de la muerte”. Cuando fue contratado como docente esa espiral de muertes siguió hasta los años noventa en la que se ampliaron las víctimas del terrorismo a “la prensa, la judicatura o la universidad”, poniendo especial énfasis en el asesinato en 1996 de Francisco Tomás y Valiente. Un año después y tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, un grupo de profesores de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV-EHU, con Txema Portillo, impulsaron el Foro Ermua y después ¡Basta Ya! Su participación en estas iniciativas le llevó a significarse en los medios de comunicación lo que aumentó las amenazas contra él del entorno de ETA, que llegó a incendiarle dos vehículos particulares. En 2000, con la ayuda del Rectorado de la UPV, Txema Portillo se marchó del País Vasco y no regresó hasta el final de ETA.

La abogada Mercedes Ramos de Armas volvió a sus tiempos de alumna de Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) para exponer la siguiente ponencia: “El asesinato de Tomás y Valiente: la Universidad Autónoma de Madrid en el centro del terror”. Ramos contó su experiencia en la universidad desde una asociación de estudiantes creada para ayudar a los alumnos y fomentar actividades extracadémicas en el campus madrileño. La normalidad de la vida universitaria se rompió el 14 de febrero de 1996 cuando un pistolero etarra asesinó en su despacho al catedrático de Historia del Derecho y expresidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente. El crimen sacudió la conciencia de Mercedes Ramos y de sus compañeros de varias asociaciones que organizaron una repuesta pacífica con varios discursos condenatorios y la conocida manifestación con las manos blancas con un mensaje claro: “la violencia no pasará, la palabra siempre quedará”.

Posteriormente tomó la palabra Galo Bilbao Alberdi, profesor de la Universidad de Deusto para contar su experiencia de “Dar clase en tiempos de violencia: memoria de un profesor en Deusto”. Bilbao empezó a dar clase en la universidad de los Jesuitas en el curso 1994/95 con el lazo azul en la solapa, como señal de protesta por los secuestros de ETA a los que respondía también con las concentraciones de Gesto por la Paz. Para Galo Bilbao, el terrorismo no podía pasar desapercibido en las aulas, sobre todo cuando asistían a las mismas alumnos y profesores escoltados. Esta situación le hizo suspender o sustituir las clases en tres ocasiones, “tres veces en las que dejé de dar clases porque tocaba esta realidad del terrorismo”. Fue con los asesinatos del exministro Ernest Lluch, el juez José María Lidón y el empresario Inaxio Uria. El profesor de Deusto defiende que siempre ha dado “prioridad a las víctimas” confesando que “nunca” se ha sentido amenazado y que no se considera “víctima”. Destacó la necesidad de “historizar la memoria” y de “mantener el testimonio de las víctimas en las aulas”.

Cerró el curso la intervención del exrector y catedrático de Empresa Informativa en la Universidad de Navarra, Alfonso Sánchez-Tabernero con “La violencia desde la Universidad de Navarra: un caso diferente”. Sánchez-Tabernero que anteriormente fue profesor y vicedecano en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV-EHU hizo un relato de los hechos recordando a las 42 víctimas de ETA en Navarra y a los diferentes atentados de la banda terrorista contra la universidad privada con seis ataques, dos de ellos frustrados. El docente de la universidad católica recordó muy especialmente el atentado de 2008 al que decidieron responder “sin miedo y sin rencor”, recuperando la vida cotidiana y con la idea firme de que “la violencia no solo es un mal, sino que es un mal que no sirve para nada”. En sus conclusiones apuntó como respuestas necesarias al terrorismo “la importancia de la memoria, donde es esencia el relato” y “la importancia de contar las cosas”. A lo que añadió también la lucha contra el odio.

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